miércoles, septiembre 29, 2010

Se casa con su almohada a la espera de tiempos mejores

Lee Jin-gyu, un coreano de 28 años de edad, se ha casado con la persona que más tiempo ha pasado con él en la cama, aquella que siempre atenta ha escuchado sus problemas, que le ha acompañado en los buenos y malos momentos. Este coreano ha contraído matrimonio con... su almohada.

Boda de Lee Jin-gyu

Pero en verdad Lee no siente amor por ella [su almohada]. La tontuna de Lee va más lejos. Él, de quien verdaderamente está enamorado, quien le pone a cien el miembro (¡el corazón!, mal pensado) es el dibujo manga que adorna su cojín de dormir (llamado Fate Testarossa de la serie 'Mahou Shoujo Lyrical Nanoha').
Pero como todavía es imposible y no está reconocido el matrimonio entre un humano y un dibujo (¡qué vergüenza que en pleno siglo XXI aún no esté reconocido este derecho fundamental!, parecemos cavernícolas), a la espera de tiempos mejores y leyes idóneas, este joven de mente confusa e ideas turbias ha recurrido a un dakimakura, una especie de almohada gigante con la imagen del personaje de anime impresa en la zona frontal. (Casarse con almohadas parece, por lo que se ve, que ya está reconocido en la legislación vigente pero los legisladores no dan a basto con tanto payaso suelto y... siempre surgen flecos ante la voraz demanda de nuevas chorradas. ¡Venga, poneos las pilas y legislar, que siempre os pilla el toro, joder! Tened amplitud de miras y no seáis retrógados, que en esta bola azul flotante, que encima da vueltas y nos marea el raciocinio, todo es posible.)
Uno de los amigos de Lee (y esto es lo verdaderamente sorprendente: este tipo ¡tiene amigos! -un claro indicador de cómo está el mundo-) ha declarado que el joven está obsesionado con la almohada (el colega es muy perspicaz: ¿cuándo se daría cuenta?: ¿cuando "el cura" dijo aquello de "...que hable ahora o calle para siempre"? "Hostias, me parece que mi amigo quizá está algo obsesionadillo...") y que no se despega en todo el día de su nueva "esposa" ya que salen juntos a pasear o se la lleva al parque de atracciones (y me imagino que también se la lleva al huerto, si no, ¿dónde está la gracia? ¿No es acaso uno de los obsequios principales de casarse: el dejar -o al menos, no abusar- de hacerse pajas?). Incluso cuenta con su propia silla y su propio plato de comida en la mesa.
Yo, por si las moscas, le recomiendo al amigo que no se acerque lo más mínimo por casa de Lee, a ver si se va a poner a pensar en infidelidades y tal como está de distorsionada la mente del muchacho... tenemos un crimen pasional.
A la espera, pues, de que copulen y procreen y tengan una almohadilla... (de lo que nos haremos eco) ...hasta aquí esta entrada.

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