domingo, septiembre 21, 2008

Y esta mierda pa qué sirve ¿?

CronófagoEl físico británico Stephen Hawking ha sido el encargado de inaugurar en la Universidad de Cambridge un reloj que algunos consideran el más extraño del mundo. (Y yo, una mierda. ¿A quién creéis?)
El estúpido ingenio no tiene números ni manecillas, pero en su esfera -chapada en oro- hay 60 hendiduras, que se iluminan para indicar la hora. (Bueno, esto último...) Sobre él se desplaza un enorme saltamontes, bautizado como 'cronófago', o 'devorador del tiempo'. Cada paso que da, marca un segundo y sus movimientos generan destellos de luces azules que viajan por la esfera hasta detenerse en la hora exacta. Pero el reloj ¡sólo indica la hora con precisión cada cinco minutos! Durante ese espacio de tiempo, las luces sólo sirven para adornar. (Sinceramente, hasta aquí, menuda payasada. Sigo indagando a ver si realmente este reloj que ni da la hora sirve para algo -yo qué sé, para viajar en el tiempo y que al menos así compense su inutilidad supina- y descubro que...) En la fabricación del reloj, ha trabajado un equipo de ocho ingenieros y artesanos ¡durante cinco años! ¿Ingenieros? ¿Ocho (mentes elegidas)? ¿Cinco años?: ¿Y no han conseguido crear un reloj que dé la hora na más que cada cinco minutos y sufriendo? Espero que al menos no hubiera ninguno suizo. (Lo único que nos falta es que a nuestros científicos e ingenieros les dé también por sumarse al mundo de la chorrada que vemos aquí casi a diario y pete el planeta ya del todo.)
La cosa esta -me niego a llamar reloj a algo semejante- ha costado encima ¡1,8 millones de dólares! (¡¡Y la gente muriéndose de hambre a miles por segundo en el mundo!! Pero esto el reloj no puede saberlo ni marcarlo porque el reloj no sabe ni dónde cojones tiene el sentido.)
Su creador, John Taylor, destacado especialista en la medición del tiempo -bueno, yo lo dudo. Cómo puede ser especialista en la medición del tiempo alguien que no sabe crear con casi 2 millones de dólares de presupuesto un reloj que funcione bien- dice que su intención es fomentar el interés en este ámbito científico. (¿El de los relojes que casi no van?)
Taylor ha diseñado el aparato este como homenaje, afirma, al fabricante de relojes inglés John Harrison, quien resolvió el problema de la longitud en el siglo XVIII. (Pues, menuda chapuza de homenaje. O eso, o se ha burlado de él en su propia tumba o aquél era tan incompetente como éste y no resolvió una mierda.)
Harrison también inventó el escape saltamontes, un pequeño dispositivo interno que libera el engranaje de un reloj cada vez que oscila su péndulo.
Taylor, de 72 años de edad (igual aquí está la explicación: ¡72 años son muchos años! y las mentes se enturbian), dice que su saltamontes también sirve para recordar que "el tiempo es un destructor: cada minuto desaparece algo que uno no puede recuperar jamás". (Eso está claro: ni la hora.)
El inventor le ha regalado el reloj a Corpus Christi, el colegio en que estudió en la década de 1950. Y se han puesto locos de contentos. (Los alumnos no, claro, porque temen que cuando llegue la hora del recreo o de salir nadie se entere y queden ahí: atrapados en el tiempo.) Y en Youtube encontraréis un video que detalla toda esta tontería al segundo y que me lo he mirado de principio a fin a ver si el reloj -que ni sirve para decorar porque funcionando es todavía más feo- hacía algo que mereciera cierta dignidad (hubiera aceptado aquí como digno hasta que hiciera ruidos obscenos grabados: pedos, eructos y demás a cada paso del segundero), pero no: así que me niego a poner semejanta memez de vídeo en este patético blog. Miradlo si queréis pero es todavía más lamentable que la redacción de esta entrada y no aporta nada.
En fin. Conclusión: Anda que no haría yo cosas más interesantes y aprovecharía mucho mejor el tiempo con dos millones de dólares.

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