viernes, octubre 23, 2009

Enanas y gordas: la mujer del futuro

El personal masculino anda bastante revolucionado ante el último trabajo científico presentado sobre cómo serán las féminas del mañana: "Enanas y gordas" es la conclusión, lo que ha acojonado bastante al macho mundial embriagándolo de una supina tristeza (hombres que no dan crédito ante esta problemática que deja al calentamiento global en insignificante e irrisorio asunto).
Encabezado por el biólogo evolutivo Stephen Stearns, de la Universidad de Yale, la investigación mencionada vaticina que las mujeres del futuro serán más bajas, “rellenitas” (eufemismo benevolente) y fértiles que las actuales, eso sí, también tendrán un corazón más sano y saludable (aunque esto a la gran mayoría les importa un bledo, lo importante es en qué quedará el tamaño de sus domingas y si aunque estén más cerca del centro de la Tierra estarán o no buenorras y podrá aprovecharse algo. -¡Hombres, qué asco que dais!-).
Este estudio se contrapone así a las teorías que aseguran que la evolución se detuvo debido a los avances de la medicina, que logró que sobrevivan, se reproduzcan y transmitan sus genes individuos que habrían muerto si sólo hubiesen dependido de la selección natural.
Ahora, “la idea de que la evolución no actúa sobre nosotros es falsa por completo”, afirma el experto. "Una manera de medir los mecanismos evolutivos es, por ejemplo, gracias al éxito reproductivo".
Stearns y su equipo analizaron si las mujeres que dan a luz más hijos tienen algún rasgo distintivo que transmiten a su descendencia. Para ello, se interiorizaron en un estudio ya existente, el Framingham Heart Study, que siguió los historiales médicos de más de 14.000 habitantes de la ciudad de Framingham, en Massachussets, desde el año 1948 y por tres generaciones consecutivas. Los expertos se centraron en las 2.238 mujeres que habían superado la etapa de la menopausia (y, por lo tanto, habían cerrado su ciclo reproductivo). Luego de desestimar los factores sociales y culturales, observaron rasgos como peso, altura, presión sanguínea e índice de colesterol, entre otros, y trataron de establecer si éstos influían en la cantidad de hijos que trajeron al mundo concluyendo que las mujeres más bajas y de mayor corpulencia tendían de forma inequívoca a tener más descendencia que las demás, más altas y delgadas. En tanto, las mujeres que presentaron menor presión sanguínea e índices de colesterol más bajos también tuvieron más hijos que la media, al igual que las que habían tenido a su primogénito a una edad más joven. Y todos estos rasgos pasaron a la siguiente generación, por lo que las hijas de estas mujeres también fueron más fértiles que el promedio.
Si esta tendencia se mantiene por al menos diez generaciones consecutivas, la mujer media del año 2409 será dos centímetros más baja y un kilo más gorda. Además, será madre cinco meses antes que la media actual, y entrará en la menopausia diez meses después. (¡Pedazo de evolución! Tanto estudio, tanta expectación y tanta mierda asustando al personal ¡para dos putos centímetros y un kilo!).
Otra de las conclusiones a las que han llegado estos científicos es que el ser humano evoluciona al mismo ritmo que plantas y animales, y no más rápido. Sentencian: “Resulta muy interesante que el patrón biológico subyacente sea aún detectable por debajo del filtro de la cultura”. (Sabia frase repleta de conocimiento que después de releer durante más de una hora boca arriba y boca abajo no tengo ni pajolera idea de lo que con ella se ha pretendido decir. Será que aún me dura el susto.)

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