El perro más feo del mundo

Las tonteces más hilarantes del ser humano, tan reales como la vida misma. ¡Ay!, qué penita más grande.
"Me siento consternada, herida, porque se trata de un acto de violencia. Es un gran menosprecio hacia mi persona y como artista", dice.
Ya te digo. Te han dicho a la cara que tu obra es una puta basura. Ahí te doy la razón. Y es que esto es lo que suele ocurrir cuando nuestro arte es una mierda. O al menos, lo parece. Que no se aprecia.
"Algunas veces hacían desaparecer las cruces el mismo día, otras veces después de un año, otras nunca. Pero lo de Kassel ha sido especialmente violento", constata Rosenfeld. Ha sido la primera vez que he visto cómo desaparecían las cruces delante de mis propios ojos. "Las fueron quitando incluso con palas, raspando, y arrojando los restos a la basura", describe la artista. (Joder, ni que fuera Auswitzch.) "Duele, la verdad es que duele mucho", agrega.
Más duele un martillazo en el dedo gordo del pie, Lotty. A lo mejor más le dolía a los basureros contemplar tamaña porquería. Agacharse a frotar, torcer el espinazo, por una mísera paga. Bueno, no, que en Alemania deben pagar bien. Pero en otros países no. Eso sí que es doloroso. Además, que mayor arte que limpiar una calle y que reluzca como los chorros del oro. Ya hay bastantes cruces en el cementerio. Y de mármol, además. En definitiva, que o mejoramos el ingenio artístico o pasa lo que pasa, que la gente no valora la vulgaridad. O quizá, demasiado.
Aquí a la izquierda, activistas antiglobalización de Intermón Oxfam convirtiendo a los líderes del G8 que se reúnen en Heiligendamm en 'pinochos'. Su gran mentira se lee en una pancarta que no se ve en la imagen, pero que reza: "Acabar con la pobreza es mi prioridad". (Bueno, al menos éstos han decidido hacer el chorras y no quemar y destrozar el mobiliario urbano. Quizá a alguno se le ha escapado algún pedillo al levantar la pata pero les honra ese lado payaso tan humano. -Nunca creí que diría algo así: "honra... ser chorras"-.)
Y aquí a la derecha otros activistas anti-globalización protestando contra la política de inmigración de los países del G8 que como siempre reúne a los líderes de Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia y Estados Unidos.